Cuando el crecimiento de los datos de seguridad se convierte en un riesgo

A medida que las organizaciones crecen, el volumen de telemetría de seguridad puede aumentar más rápido de lo que los equipos pueden gestionarlo. Lo que comienza como un registro estándar de firewall...

A medida que las organizaciones crecen, el volumen de telemetría de seguridad puede aumentar más rápido de lo que los equipos pueden gestionarlo. Lo que comienza como un registro estándar de firewall puede convertirse en una carga de almacenamiento, procesamiento y alertas que pone a prueba tanto las operaciones de seguridad como los presupuestos.

Este desafío está llevando a algunos responsables de seguridad a replantearse qué datos deben llegar realmente al SIEM. En un ejemplo, un director de seguridad de la información recurrió a la inteligencia artificial para ayudar a clasificar grandes cantidades de datos de registros e identificar qué eventos era más valioso conservar, revisar y correlacionar.

Replanteamiento del flujo de datos del SIEM

El objetivo no es simplemente recopilar más información. En su lugar, el foco está en reducir el ruido y enviar únicamente la telemetría más relevante a las herramientas de monitorización centralizada. Al filtrar antes los registros de menor valor, los equipos de seguridad pueden limitar el crecimiento innecesario del almacenamiento y hacer más manejable el trabajo de los analistas.

Este enfoque refleja un cambio más amplio en las operaciones de seguridad: las organizaciones están empezando a considerar la gestión de datos como parte de la gestión de riesgos. Conservarlo todo puede generar sus propios problemas, incluidos mayores costes, investigaciones más lentas y una mayor probabilidad de que las alertas importantes queden ocultas entre la actividad rutinaria.

Equilibrio entre visibilidad y costes

El uso de IA en el flujo de registros puede ayudar a los equipos a decidir qué eventos merecen atención y cuáles pueden priorizarse menos de forma segura. Sin embargo, este enfoque también requiere un ajuste cuidadoso. Si el filtrado es demasiado agresivo, los equipos pueden perder evidencias útiles. Si es demasiado amplio, la organización puede acabar pagando por almacenar y analizar datos que aportan poco valor.

Los responsables de seguridad se enfrentan cada vez más a este dilema a medida que los entornos se vuelven más complejos y los volúmenes de registros siguen aumentando. La lección de este caso es clara: más datos no siempre es mejor y, en algunas situaciones, un exceso de visibilidad puede convertirse en su propio riesgo operativo y financiero.